Buscando la Solución

El tiempo de las vacaciones comenzó con una gran expectación. Lo aprovechamos para ordenar nuestros modestos locales, para la limpieza, el lavado y la preparación para el comienzo del nuevo año escolar. También renovamos y reemplazamos lo que pudimos. Miramos con cierta satisfacción nuestro colegio limpio y ordenado, que preparado para el nuevo año escolar esperaba la acogida de nuestros niños, quienes con gusto se detenían con nosotras, hablaban de todos los acontecimientos de su vida en las vacaciones.

Sorpresivamente paró delante de la puerta el carruaje del castillo, del cual descendió la Sra. Brandys.

En las circunstancias en que sufríamos tanta incertidumbre -se recordaba la Hna. Nepomucena- nos alegramos de la visita de la presidente de nuestra Asociación y saludamos con respeto. Observaba con satisfacción, los locales ordenados, donde tampoco faltaban flores, ni follaje verde. La Sra. condesa deseaba tener un poco de tiempo para dialogar en común. La primera pregunta fue si verdaderamente no existía una salida para el trabajo en esta forma, con este número de Hermanas y con ayudantes ocasionales, todavía, en el año próximo.

La Hna. Margarita, y con ella, también nosotras explicábamos las causas y demostrábamos que en las circunstancias actuales y con un número tan grande de niños y con las escasez de locales nuestro trabajo en la Asociación, verdaderamente, era imposible. Si en Algersdorf consiguiésemos, por los menos tres Hermanas, el trabajo continuaría sin estorbo, por supuesto, en el caso si la Asociación -o el Obispado- resolviera la estrechez de lugar con ámbitos adicionales. Después de un largo silencio, la Sra. Brandys preguntó, preocupada, si las Hermanas de Algerdorf rechazaron definitivamente la posibilidad de ayudar a la Asociación en Maribor. La Hna. Margarita dijo que sí. La Sra. deseaba saber cómo transcurrió la conversación. Probaríamos, en el caso, con una nueva petición para ayuda a las Hermanas, a nosotras tan necesarias.

Finalmente aclaró la Hna. Margarita diciendo que la causa verdadera consistía en el hecho de que Algersdorf no tenía hermanas necesarias que podría sacar de su trabajo para darlo a Maribor, por eso no tenía sentido el molestar más con petición; porque ya la superiora había contestado definitivamente. Tampoco más tarde se había podido hablar de todo esto. Y dijo: "Pienso dirigirme al Obispo de Graz, Zwerger, del cual depende el convento de Algersdorf", y agregó "Es verdad que en Algersdorf existen dificultades por el momento, algunas son intensas, por lo que se comprende que para nuestros asuntos haya menos comprensión.

Después de un prolongado silencio la condesa Brandys preguntó si en Maribor estábamos, quizás, desconformes. Casi unánimemente afirmamos que nos gustaba estar en ese lugar y que el trabajo por el cual habíamos sido llamadas nos hacía verdaderamente felices. La única causa era que para el número de Hermanas había mucho trabajo y que nuevas de ayuda no había, lo que nos preocupaba, como la Asociación lo comprendería.

La conversación se terminó sin resolverse nuestra difícil situación. Como la Sra. presidente deseaba hablar con nuestra superiora personalmente, nos despedimos. Sospechamos que se trataba de un asunto serio, por eso nos arrodillamos delante de nuestro altar recitando un rosario en honor de la Divina Providencia.

De vuelta entre nosotras, la M. Margarita parecía muy cambiada. Tuvimos la impresión de que hasta el momento ninguna preocupación se había impreso en sus pacíficas fracciones.

Antes de la oración de la noche nos dirigió sólo pocas palabras, nos pidió encomendar en la misa de la mañana fervorosamente este gran asunto nuestro; nos dijo que esta vez ella no iría a misa con nosotras porque iba a ver a un Padre Jesuita; luego iría a algún otro lugar, y que por eso probablemente no volvería pronto.